What and Who
Hace un par de días, en el blog de Und komisch spricht das Murmeltier comentábamos la relación entre coincidencias y orden.
A modo de ejemplo: hace un tiempo, en un congreso de neurociencias (creo recordar), tres personas se juntan y hablan. No se conocen. Yo conocía a P durante la carrera en Pamplona, a J durante la tesis en Barcelona y a X durante el post-doc en Washington, DC. Los tres hablan y en poco tiempo se dan cuenta que estan hablando de la misma persona que cada uno conoció en un ámbito distinto. Pasados unos meses, J, me contó la anecdota.
Sin duda los tres hablaban de mi. Pero los tres personas me conocieron en etápas muy distintas.
El domingo, mientras navegaba perezosamente por la red, veía de reojo una popular serie de la CBS. Un comentario me hizo levantar la vista de la pantalla. Algo así como que nuestro material genético es idéntico desde la fecundación hasta la muerte, lo que somos, nuestra base genética permanece lo bastante constante para que los forenses puedan identificarle uno con muestras mínimas de tejidos o fluidos. Pero nuestra identidad no se reduce a un conjunto de marcadores genéticos. El diálogo decía diciendo eso precisamente, que nuestro yo, nuestra identidad cambia en función de nuestras experiencias vitales. Nuestro what se conserva bastante bien, nuestro who da tumbos.
Volviendo a la anécdota. Conocieron P, J y X al mismo individuo. En cuestiones genéticas si. En cuestiones de identidad, creo que no. Un guiño a Heráclito aquí.
Vamos dejando en cada acción, en cada hora vivida, en cada palabra y en cada silencio fragmentos de nosotros mismos, como tejidos susceptibles de ser identificados por un forense. Sin embargo, ninguno de esos fragmentos permite conocer gran cosa. Solo son marcadores de nuestra identidad, como fragmentos de DNA metafísico. Dudo que sea posible ni siquiera para uno mismo conocer perfectamente su identidad.
Mucho se habla de la identidad pero la mayor parte del debate es simplista y folclórico. No es una cuestión sencilla pero su respuesta afecta, transversalmente, a muchos otros temas personales, sociales y políticos.
Un filósofo decía que la cuestión identitaria podría ser uno de los mayores problemas políticos del siglo XXI. Creo que no se equivocaba.
Octubre 29, 2007 a 1:07 am
Parlant d’identitats i de les que ens bastim quan canviem de ciutat o de país i de les que ens enduem posades des del nostre lloc d’origen al d’adopció, avui m’he comprat un llibre del qual en parlaves tot just encetat aquest bloc teu: Through the children’s gate: A home in New York d’Adam Gopnik. M’ha fet bona pinta i recordava (en algun lloc remot del cervell) que tu n’havies dit alguna cosa. Et va agradar? El poso en un dels primers llocs de la llista de llibres per llegir, o el puc relegar a la prestatgeria?
Una abraçada de NY cap a IL,
Miquel
Octubre 29, 2007 a 6:47 am
Es un bon llibre. Gopnik escriu molt be. El pots posar a uns dels primers llocs crec. I si t’agrada pots buscar l’anterior, el que va escriure despres de viure 5 anys a Paris amb la seva familia (Paris to the Moon).
M’agrada el seu estil (es com una mena de blog interessant fet llibre)
Jordi
Octubre 30, 2007 a 4:22 am
Gràcies mil per les teves paraules i una enorme enhorabona per el teu recent premi…
Desde la llunyana Barcelona, Afra.
Palabras
Octubre 30, 2007 a 4:48 pm
Qué anécdota tan curiosa
Hace no mucho yo también escribí algo sobre el tema. Cambiamos con el paso del tiempo, nos influye nuestro alrededor, las relaciones… y nuestro ADN poco puede decir sobre eso.
A lo mejor podemos responder sobre quienes somos en un momento determinado, pero la respuesta no es válida durante mucho tiempo.
Octubre 30, 2007 a 11:42 pm
Fet. Ja està als primers llocs de la llista.
Ara llegeixo, ben a poc a poc (per assaborir-lo i perquè no vull que s’acabi), el Weekend (d’estiu) a Nova York del teu adorat (conciutadà palafrugellenc) Josep Pla. Quina meravella! Després de llegir Pla, qualsevol prosa em sembla petita, petita…